El Crimen de la Calle Fuencarral

La sociedad madrileña de la época quedó conmocionada y fue uno de los primeros casos que tuvo gran repercusión mediática. Hablamos de unos de los crímenes más sonados y famosos de la capital: El crimen de la calle Fuencarral. Ocurrió el día 2 de julio de 1888, en el piso 2º Izquierda del número 109 de dicha calle.

Esa mañana, los vecinos, alarmados, avisan a la policía debido a un fuerte olor a petróleo y carne quemada. Cuando la policía derriba la puerta y entra en el inmueble se encuentran con el cadáver de Doña Luciana Borcino (conocida en el vecindario como la “Viuda de Varela”), boca arriba en su cama y cubierta con trapos mojados de petróleo, que previamente habían sido quemados estando la habitación cerrada. La policía examina el cadáver y descubre tres heridas por arma blanca. La más grave de ellas, a la altura del corazón, fue la que causó la muerte de la viuda

En una habitación adyacente, la policía encuentra un perro bulldog y la sirvienta de Luciana Borcino, Higinia Balaguer Hostalé. Ambos se encuentran sedados con narcóticos. La policía se lleva a sus dependencias a Higinia Balaguer, que había entrado como sirvienta de la Señora solo seis meses antes. En su primera declaración acusa José Varela, conocido con el sobrenombre de 'Pollo Varela', hijo de Luciana Porcina, de haber cometido el crimen.

José Vázquez Varela es un personaje sospechoso, de vida desordenada y bohemia, pero tiene coartada. Durante la noche anterior al crimen había estado ingresado en la Cárcel Modelo por el hurto de una capa. Este dato, y los constantes cambios en las declaraciones de Higinia hacen dudar a la policía.

Según ella, José Vázquez Varela la amenazó si no cumplía lo que le exigía. Ante la violenta coacción (y un supuesto soborno) limpió la sangre de la habitación, compró petróleo para posteriormente prender fuego al cuerpo y, al salir de la habitación, cerró la puerta tras de sí. Después de ello, debido a la gran agitación psicológica vivida, se desmayó. Para mayor confusión, entre declaración y declaración aparece el nombre de una tercera persona, Dolores Ávila (conocida como Lola la Billetera). Esta mujer mantiene una estrecha amistad, desde hace años, con la acusada. Este dato convierte a esta mujer en potencial colaboradora de la acusada, de la que la policía no alberga ninguna duda ya de que sea la asesina de Luciana Borcino.

El 26 de marzo de 1889 comienza el juicio con la primera sesión del juicio oral y público en el Palacio de Justicia de Madrid, a los ocho meses y veinticinco días de su perpetración. El abogado de la defensa era el ex-presidente Nicolás Salmerón. La expectación por saber y ver a los encausados hizo que ya desde las nueve de la noche del día anterior se formasen colas de personas para acceder al interior del Palacio. El Tribunal se constituyó en la sala de la sección segunda del Palacio.

A la una de la tarde comenzó la sesión primera que a la voz del Ujier de Servicio: "¡Vista de la causa seguida por homicidio, robo e incendio a Higinia Balaguer y otros!". Durante las siguientes rondas queda claro que Higinia de Balaguer pretendía robar a su dueña, desde el mismo instante en que fue contratada. Finalmente, no pudiendo mantener más la compostura, Higinia Balaguer confiesa el asesinato de Doña Luciana Borcino con un cuchillo. El móvil no fue otro que la venganza. El día del crimen, ella había roto un jarrón y la señora, disgustada, se había enfadado mucho con ella. Higinia, ofuscada por el nerviosismo y la vergüenza, le había asestado 3 puñaladas a su ama, causándole la muerte.

El 25 de mayo el tribunal declara su fallo: "Que debemos condenar y condenamos a la procesada Higinia de Balaguer Ostalé, por delito complejo de robo y homicidio, a la pena de muerte (...)".

La sentencia condena a la amiga Dolores Ávila como cómplice de la pena de dieciocho años de prisión, y absuelve a los procesados José Varela y a otras dos personas más. Higinia es ejecutada en el garrote vil el sábado 19 de junio de 1890 a la edad de 28 años. Cerca de veinte mil personas asisten al acto. El impacto que tuvo este crimen en la sociedad madrileña de la época fue enorme. Fue tal el impacto que hasta se crearon dos bandos. Los que estaban a favor de la viuda y los que defendían a la sirvienta y condenaban a José Valera.

El diario El Liberal (entre otros) informa puntualmente de los acontecimientos. El asesinato posee ingredientes que despiertan pronto el morbo de los madrileños. Para los tertulianos de los cafés la criada Higinia representaba el desamparo del proletariado y José Vázquez Varela era la imagen del señorito golfo y vicioso, característico de las clases burguesas. El largo proceso -que comenzó el 26 de marzo de 1889, y terminó el 25 de mayo del mismo año- acaloró la opinión públicas madrileña y, por extensión, la española.

Existen dos películas que narran estos sucesos:

   En 1946 Edgar Neville rueda "el crimen de la calle bordadores" basando el guion en el crimen de la calle Fuencarral.

   En 1985 se rodó una película para televisión dirigida por Angelino Fons titulada: El crimen de la calle Fuencarral. El papel de Higinia fue interpretado por Carmen Maura.

Actualmente el número 109 de la calle Fuencarral no existe. Los portales saltan directamente del 107 al 111.

FUENTE: Blog de BEST WESTERN Hotel Arosa

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